Vitaminas liposolubles (A, D, E y K): vitaminas esenciales para el organismo
Las vitaminas liposolubles (A, D, E y K) se caracterizan por su capacidad de disolverse en grasas y aceites, lo que permite su almacenamiento en el tejido adiposo y el hígado. La vitamina A es crucial para la visión, especialmente en condiciones de baja luminosidad, y participa activamente en el crecimiento celular, la diferenciación de tejidos y la función inmunológica, manteniendo la integridad de las mucosas. La vitamina D, a menudo considerada una hormona, juega un papel primordial en la absorción de calcio y fósforo, minerales esenciales para la salud ósea y dental, además de influir en la función muscular y el sistema inmunitario. La vitamina E actúa como un potente antioxidante, protegiendo las membranas celulares del daño oxidativo causado por los radicales libres, y también contribuye a la salud cardiovascular y cutánea. Finalmente, la vitamina K es fundamental para la coagulación sanguínea, asegurando la hemostasia y previniendo hemorragias, además de participar en el metabolismo óseo.
Vitaminas hidrosolubles (complejo B y vitamina C): vitaminas esenciales para el organismo
Por otro lado, las vitaminas hidrosolubles (complejo B y vitamina C) se disuelven en agua y, en general, no se almacenan significativamente en el cuerpo, por lo que requieren un suministro dietético regular. El complejo B incluye en total 8 vitaminas, cada una de ellas cumple con un rol especifico, pero a menudo trabajando en sinergia. Participan crucialmente en el metabolismo energético, convirtiendo los carbohidratos, las grasas y las proteínas en la energía que el cuerpo necesita para sus funciones.
Además, son esenciales para el sistema nervioso, la síntesis de ADN, la formación de glóbulos rojos y la síntesis de ADN y ARN, fundamentales para mantener saludable el cabello, uñas y piel.