3. Depresión y problemas psicológicos
Varios factores psicológicos y emocionales pueden afectar el impulso sexual de una persona. La ansiedad, la depresión, la baja autoestima, los antecedentes de abuso o el estrés general pueden afectar el interés en la actividad sexual.
La depresión merece mención especial porque actúa en dos direcciones: la enfermedad en sí misma reduce el deseo, y muchos de los medicamentos antidepresivos más utilizados también lo hacen como efecto secundario. Es uno de los círculos más complejos de gestionar y, precisamente por eso, requiere atención profesional.
4. Enfermedades crónicas no tratadas o mal controladas
Muchas enfermedades como la diabetes, el cáncer, la artritis y las enfermedades cardiovasculares pueden debilitar el deseo sexual de una persona. De manera similar, muchos medicamentos, como los que se toman para la depresión o la presión arterial alta, pueden disminuir la libido.
Los niveles bajos de testosterona, asociados a la edad o a ciertas patologías, influyen directamente en la libido. También lo hacen enfermedades como la diabetes, la hipertensión o el síndrome de apnea del sueño.
En muchos casos, tratar correctamente la enfermedad de base —o ajustar el medicamento con el médico— restaura el deseo de forma significativa.
5. Problemas en la relación de pareja
Cuando desaparece la vida sexual dentro de una relación, se debilita también la conexión emocional. La falta de actividad íntima reduce los momentos de cercanía, afecto y complicidad. Poco a poco, el vínculo se enfría. En muchas parejas, esto deriva en tensión, discusiones frecuentes y un distanciamiento progresivo que puede llevar incluso a la ruptura si no se aborda a tiempo.
La dinámica de pareja influye más de lo que muchos hombres están dispuestos a reconocer. Conflictos no resueltos, falta de comunicación, distancia emocional o insatisfacción acumulada son factores que apagan el deseo con la misma efectividad que cualquier causa hormonal.
La pérdida del deseo sexual masculino no es un destino inevitable ni un tema tabú que deba ignorarse. Los cambios en el estilo de vida, como reducir el estrés, tomarse el tiempo para relajarse y asegurarse de consumir alcohol con moderación, son formas de mejorar un deseo sexual bajo. Como siempre, es importante descartar cualquier enfermedad subyacente consultando con el médico. La mayoría de las causas tienen solución. El primer paso es dejar de callarlo.