Título: Los hombres pierden el deseo por estas 5 razones — y la mayoría no lo sabe
Hay temas que los hombres rara vez mencionan al médico, y este es uno de ellos. La pérdida del deseo sexual masculino se vive en silencio, se atribuye al cansancio o a la edad, y en muchos casos se deja pasar durante años sin buscar ninguna explicación. El problema es que detrás de ese silencio pueden estar causas muy concretas y, en varios casos, completamente tratables.
El deseo sexual varía en gran medida entre individuos y puede disminuir temporalmente por trastornos como la fatiga y la ansiedad. La libido también tiende a reducirse gradualmente con la edad. La persistencia de la libido baja puede alterar a la pareja.
Pero cuando la pérdida de deseo no es temporal sino persistente, la ciencia apunta a cinco causas principales que merece conocer.
1. Testosterona baja: la causa hormonal más frecuente
La testosterona es una hormona producida por los testículos, importante para el deseo sexual, el desarrollo corporal y la apariencia física de un hombre. A partir de los 30 a 40 años de edad, el nivel de testosterona puede empezar a disminuir lentamente. Un nivel bajo de testosterona puede afectar el deseo sexual, el estado de ánimo y producir cambios en el músculo y la grasa.
En los hombres, la disminución gradual del apetito sexual es un fenómeno común a medida que envejecen. Aunque esta reducción puede variar entre cada caso con distintos historiales médicos, se mantiene un cierto grado de interés sexual hasta los 60 y 80 años. Los bajos niveles de testosterona aumentan la probabilidad de perder el interés en sostener relaciones íntimas.
La buena noticia es que el déficit de testosterona es diagnosticable con un simple análisis de sangre. Y cuando está confirmado, existen tratamientos eficaces.
2. Estrés crónico: el enemigo silencioso del deseo
El estrés desencadena la producción de cortisol, una hormona que funciona como un sistema de alarma integrado en el cuerpo. El cortisol no solo causa la constricción de los vasos sanguíneos, lo que contribuye a la disfunción eréctil, sino que también puede causar una caída precipitada de la testosterona.
El trabajo, las preocupaciones económicas o las obligaciones familiares pueden dejar al hombre sin energía ni cabeza para el sexo. El estrés crónico es uno de los enemigos silenciosos del apetito sexual masculino. Y no hablamos solo de agotamiento físico: la mente también necesita espacio para el deseo. Si todo está ocupado por tareas, responsabilidades o ansiedad, el sexo pasa a un segundo plano.
El estrés también está relacionado con el insomnio y otras anomalías del sueño, que pueden aumentar el riesgo de fatiga y dejar al hombre menos interesado en el sexo.